El “hermanón” contraataca

30 junio, 2010

La penalización de la publicación de “exhibiciones obscenas y pornográficas”

Hace algunas semanas, habíamos advertido ya en el blog sobre un proyecto de ley presentado por el congresista ―y propietario de un canal de televisión― Ricardo Belmont para  modificar la Ley de Radio y Televisión, con la finalidad de “precisar” las prohibiciones contenidas en dicha norma respecto del contenido “violento u obsceno que pudiera afectar los valores inherentes a la familia, los niños y adolescentes” y del “contenido pornográfico”. Pues bien, ahora el “hermanón” ―como se le conoce al referido congresista― contraataca. Hace una semana, La Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso de la República acaba de aprobar por unanimidad el Proyecto de Ley No. 3621-2009, presentado también por Belmont, en el que se establece sanciones penales para los directores, gerentes o editores de los medios de comunicación que transmitan contenidos considerados obscenos o pornográficos.

Imagen: Portada del suplemento “El Otorongo” del viernes 25 de junio de 2010, por Andrés Edery.

Los dos proyectos mencionados son similares, aunque el recientemente aprobado en Comisión resulta más grave por lo evidentemente desproporcionado de la sanción que contempla para sus infractores: prisión no menor de dos ni mayor de seis años para el Director, Editor o responsable de los programas, publicaciones o ediciones que publiciten imágenes, mensajes o audios “obscenos o pornográficos”.

Felizmente, el Proyecto ha sido rechazado de manera casi unánime en diversos medios de opinión (ver links al final del post), aunque no por eso debemos bajar la guardia. No sería raro que el Congreso apruebe un proyecto con el que la población está en desacuerdo, por más ridículo que nos parezca.

La mayoría de las críticas apuntan al hecho que, de aprobarse, la norma constituiría una violación a la libertad de expresión o podría ser utilizada para amordazar a los medios de prensa. Pues bien, el miedo es fundado. La utilización del término “obsceno” en el Proyecto, sumamente indeterminado y relativo, puede prestarse a una interpretación demasiado amplia de la Ley, que en la práctica podría emplearse como un mecanismo de censura.

Ahora bien, más allá de las preocupaciones relativas a la libertad de expresión, que son por supuesto legítimas, cabe preguntarse ¿si se definiera de manera precisa lo que es “obsceno” o lo que es “pornográfico”, tendría sentido la prohibición?

Yo creo que no. En primer lugar, creo que el contenido obsceno o pornográfico no pone en riesgo la familia ni conduce a la “degradación moral”, a la destrucción de los “valores familiares”, ni mucho menos atenta contra la “integridad moral o psíquica” de las personas. Como ya he comentado en algunos posts anteriores, soy de la opinión de que el Estado no debe inmiscuirse en temas morales, debido a que éstos resultan muy subjetivos y resulta muy complicado establecer estándares que permitan una adecuada regulación. Por lo demás, me resulta complicado creer que un niño o adolescente adecuadamente criado y educado vaya a “pervertirse” por ver una película pornográfica o imágenes obscenas. La formación de los niños y adolescentes y la vigencia de ciertos valores familiares depende, en último término del contexto adecuado en el que deben criarse, así como de la educación que reciben, no de lo que vean en televisión.

En segundo lugar, y como bien comenta Marco Sifuentes en su columna en Perú.21, ¿en qué época creen que viven Belmont y los congresistas que respaldan el Proyecto? ¿No saben acaso que los niños, si quieren, pueden acceder a harto “contenido obsceno” en Internet? Lo importante es que los niños muy chicos estén adecuadamente supervisados, de modo tal que no accedan a un contenido que podría confundirlos, ya sea a través de la televisión, de Internet, de revistas, etc. Luego, ya en el caso de un adolescente, lo ideal es que éste haya recibido una buena educación para estar en capacidad de procesar un contenido de este tipo adecuadamente.

Finalmente, en el caso de los adultos, no encontramos fundamento alguno que podría justificar una prohibición. No obstante ello, el Proyecto establece una prohibición absoluta, que no contempla, por ejemplo, la posibilidad de que se emita cierto tipo de contenidos fuera del horario de protección al menor. Asumiendo que una persona adulta quisiese consumir contenido violento, obsceno o pornográfico, ¿qué daño estaría causando a la sociedad? Pues ninguno. Si ese tipo de contenido hiere la sensibilidad de alguien, simplemente que no lo sintonice, y listo.

Quizás mucha gente piense que no valga la pena oponerse al proyecto comentado, pues finalmente no nos privaría de algo muy significativo ¿qué daño puede hacer una prohibición a la pornografía? Pero no se trata sólo de eso. Es mucho peor. Normas como ésta son un ejemplo del peor tipo de intervencionismo estatal. Si hoy dejamos que se prohíban los contenidos “obscenos”, mañana será el alcohol o la comida chatarra. Pasado mañana nos prohibirán comprar en una tienda chilena. Y antes que nos demos cuenta, 1968 again. Por eso, ¡no al Proyecto Belmont!

Más comentarios sobre el tema:

Aldo Mariátegui en Correo: http://www.correoperu.com.pe/correo/columnistas.php?txtEdi_id=4&txtSecci_parent=&txtSecci_id=84&txtNota_id=378291

Miguel Morachimo en Blawyer.org:  http://www.blawyer.org/2010/06/22/proyecto-censura-belmont-obsceno-penal/

Fritz Du Bois en Perú.21: http://peru21.pe/impresa/noticia/mordaza-al-desnudo/2010-06-24/278281

Marco Sifuentes en Perú.21: http://blogs.peru21.pe/peru2punto1/2010/06/obscenidades-del-nuevo-milenio.html

Augusto Álvarez Rodrich en la República: http://www.larepublica.pe/claro-y-directo/24/06/2010/el-ultimo-mamarracho-de-ricardo-belmont

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El Congreso impulsó ocho proyectos de autos usados

25 febrero, 2010

Según Perú.21, el Congreso de la República viene “cocinando” maniobras para permitir el ingreso al país de vehículos usados, a pesar de que existe una ley que prohíbe el ingreso al país de autos usados desde la Zona Franca de Tacna (Zofra-Tacna) a partir del 31 de diciembre de 2010.

La justificación para prohibir el ingreso de autos usados al país, que por cierto es una fuente importante de trabajo y permite la prestación de servicios de transporte más baratos, sería la mayor contaminación generada por este tipo de vehículos. Si bien es cierto que los autos usados contaminan más que los nuevos, no estoy seguro de que prohibir el ingreso sea una medida proporcional ni razonable.

Pero el tema da para más, así que prometo un post sobre el tema… claro, luego de que cumpla con el prometido segundo post sobre las prohibiciones relativas al consumo y la publicidad de cigarrillos.