Las falacias del denominado “Plan Zanahoria”

Se ha venido discutiendo bastante en las últimas semanas acerca del denominado “Plan Zanahoria”, propuesto por la Municipalidad de Lima como una forma de atacar los problemas de seguridad  que actualmente aquejan a nuestra ciudad (ojo a la supuesta finalidad de la medida, pues resulta esencial para la posición que defendemos respecto a ella).

La mayoría de opiniones que he podido recoger critican el plan por ser innecesaria y excesivamente restrictivo, al mismo tiempo que poco eficaz en lo que a mejorar los niveles de seguridad se refiere (ver por ejemplo, aquí, aquí, aquí y aquí). Otros sin embargo, lo ven como una medida razonable.

Yo, como expliqué hace unos días en CPN Radio, me pliego al primer grupo de opiniones. Básicamente lo hago porque creo que el plan es innecesariamente restrictivo, además de ineficaz. Es decir, creo que el plan prohíbe mucho, para lograr muy poco.

¿En qué consiste el plan Zanahoria?

Aunque la Municipalidad de Lima no ha publicado un documento oficial con el detalle de la propuesta, de lo explicado por la propia Alcaldesa, Susana Villarán, se desprende que  el plan consiste en la fijación de una hora límite para el expendio de bebidas alcohólicas, así como el funcionamiento de locales nocturnos. Al anunciar el plan por primera vez se afirmó que “se aplicará de forma similar a como funciona en La Victoria. Es decir, sólo se podrá vender licor hasta las 23:00 horas y las discotecas cerrarán a las 03:00 horas”. Posteriormente se ha precisado que tanto la venta de licor como la operación de locales nocturnos se permitirían hasta las 03:00 horas.

No se ha hecho mención expresa a ello, pero imaginamos que la imposición del límite horario vendría acompañada de una intensa fiscalización por parte de la policía y el serenazgo en las zonas con mayor actividad “juerguera”.

Las falacias: cifras mal interpretadas

Según funcionarios de la Municipalidad de Lima, “la cantidad de muertes por consecuencia del alcohol que ocurren los fines de semana, por accidentes de tránsito y ahogos en playas, justifican [la imposición del plan]”.

Asimismo, según el alcalde de La Victoria, el plan Zanahoria se viene aplicando “con éxito”, registrándose “una reducción del 30% en el índice de homicidios y agresiones producto de la ingesta de alcohol”.

Es aquí donde comienzan los problemas con la propuesta. ¿Es acaso cierto que las muertes a las que se hace referencia ocurren “por el alcohol”? En realidad, en lo que se refiere a los accidentes de tránsito, no es necesario evitar que la gente consuma alcohol, sino simplemente que consuma alcohol y luego maneje bajo su influencia. Para ello, sin embargo, existen los controles de alcoholemia a los choferes (acompañados de un sistema de multas e incluso pena de cárcel en los casos en los que se producen daños a terceros), controles que no criticamos y que incluso sugeriríamos que se incrementen y apliquen con más rigor. Por lo demás, uno puede manejar ebrio aun cuando no salga de una discoteca o bar.

El caso de los ahogos en las playas es más complicado de fiscalizar, es cierto. Sin embargo, al igual que en el caso anterior, hay personas que pueden entrar al mar ebrias sin salir de un bar o discoteca, o incluso hacerlo de día. ¿En qué medida ayudará, entonces, el Plan Zanahoria a disminuir dicho tipo de muertes?

Finalmente, en lo que se refiere a la violencia, cabe preguntarse: ¿exactamente qué tipo de acciones violentas están relacionadas al consumo de alcohol? ¿Peleas en las discotecas? Es probable, aunque este tipo de acciones raramente tiene consecuencias graves. Y además, para eso está la seguridad privada de los centros de entretenimiento y el cuidado de la policía y serenazgo. ¿Violencia familiar? También es probable, aunque en este caso otros factores suelen ser más determinantes, y este tipo de agresores puede embriagarse en otros lugares (en el mismo hogar, incluso). Y si hablamos de los tipos de violencia más graves, la relación entre éstos y el alcohol nos parece incluso más remota: asaltantes y secuestradores ¿hacen “previos” antes de salir a cometer sus crímenes? Para combatir a estos último se necesita simplemente mayor actividad policial, operativa y de inteligencia.

Por otro lado, y como ya hemos señalado, se ha dicho que este plan ha sido aplicado “con éxito” en otros distritos. Que ha disminuido la violencia. Lo que debemos preguntarnos es si la violencia ha disminuido debido a que no se expende licor o más bien debido a la presencia de la policía o serenazgo en las zonas en las que se concentran bares y discotecas. Nos inclinamos por pensar que ha sido en realidad este último factor el que ha contribuido a reducir la violencia. No es necesario, entonces, cerrar los locales o dejar de vender licor temprano. Sí más fiscalización y presencia de las fuerzas del orden.

Hay quienes defienden el Plan Zanahoria, en argumento un poco distinto al de la Municipalidad de Lima, como una forma de “promover hábitos de consumo”:

el plan zanahoria no es una prohibición inválida puesto que tiene como finalidad promover hábitos de consumo y de diversión acordes con la tranquilidad y el orden que la ciudad se merece. Los críticos preguntan cínicamente: ¿pero si quiero emborracharme hasta morir por qué el estado me lo prohíbe? pues, por la misma razón por la que se prohíbe tirar papelitos en las calles de Londres o  tomar un taxi informal en Buenos Aires (evitando así el costoso taxímetro), porque de esta forma tenemos una ciudad más ordenada y generamos una cultura de respeto hacia ella, que potencie nuestra libertad y no que la acorte, como, irremediablemente, sucedería si dejáramos al libre albedrío de cada uno lo que, aunque no queramos, nos afecta a todos: la seguridad y la tranquilidad de la ciudad”.

El argumento y los ejemplos esgrimidos, sin embargo, no resisten un análisis serio. En primer lugar, no parece que sea tarea de la Municipalidad (o de cualquier otra entidad estatal) el “promover hábitos de consumo”. Quizás esto responde a una cuestión ideológica en la que no podremos ponernos de acuerdo, pero aquellos que creemos en una libertad responsable (por no decir, aquellos que creemos en el libre mercado y no en el socialismo, en el que el Estado nos dice qué es lo mejor para nosotros) no podemos aceptar que el Estado determine qué y cuánto consumimos. Siempre y cuando no afectemos a terceros, lo ideal es que cada persona decida qué y cuánto consume, pues es ella quien mejor conoce sus necesidades y preferencias. Y es que ese detalle, el de los efectos de las conductas sobre terceros (“externalidades”), es el que determina la diferencia entre “emborracharme hasta morir” y “tirar papelitos en las calles de Londres”. Si me “emborracho hasta morir” en mi sofá no hago daño a nadie más que a mí mismo. Si tiro papeles en las calles sí genero daños, tanto a las autoridades locales (que tendrán que incurrir en mayores costos de limpieza y a mis conciudadanos, que no podrán gozar de una ciudad limpia). Y ojo, no es que creemos que el alcoholismo sea una conducta positiva o deseable. Ciertamente se trata de una conducta indeseable. Pero ya la economía, la lógica y la historia nos han enseñado que las prohibiciones tienen poco efecto (o que incluso pueden tener un efecto negativo) sobre este tipo de conductas. En cualquier caso, si algún rol atañe al Estado en este problema, es el de informar y educar.

Efectos perjudiciales sobre los negocios ya establecidos

Pero no sólo se trata de que el Plan Zanahoria sea innecesario. Además de no generar beneficios sociales significativos, el plan en cuestión va a causar daños a los negocios y a los consumidores. En primer lugar, se afectará a los negocios en términos de menores ingresos. Debe tomarse en cuenta, sobre el particular, que las ventas de alcohol constituyen los principales ingresos de bares y discotecas. Y si tomamos en cuenta que los clientes suelen llegar a dichos establecimientos no antes de las 12 de la medianoche, si se cierran los negocios a las 03:00 es posible que éstos no recuperen las inversiones realizadas.

Un tema importantísimo que no puede dejar de tomarse en cuenta, y que de hecho la Comisión de Eliminación de Barreras Burocráticas y el Tribunal del Indecopi han analizado en pronunciamientos previos sobre el tema, es el hecho de la falta de predictibilidad y el desincentivo a realizar inversiones de largo plazo que constituyen medidas como ésta. Hay negocios que solicitaron licencias cumpliendo todos los requisitos de ley y en zonas en las que la zonificación permitía música y expendio de licor hasta las 06:00 o 07:00 horas. En consecuencia, si a raíz del Plan Zanahoria se cambian las reglas de juego se pueden afectar las inversiones efectuadas.

Desde el punto de vista del consumidor, resulta evidente que se afecta la posibilidad de contar con más horas de esparcimiento. Es cierto que, como menciona nuestra alcaldesa, uno puede “divertirse sin emborracharse”; pero también es cierto que uno puede tomar licor sin emborracharse o “emborracharse responsablemente” si quieren (por ejemplo, no manejando ni realizando otras actividades que puedan afectar a terceros luego de haber consumido licor).

Por otro lado, no debe ignorarse que, así como otras prohibiciones, la prohibición de vender alcohol pasadas las 03:00 horas podría generar mercados negros y mayor informalidad, afectando a los negocios formales en términos de competitividad y a los consumidores en términos de baja calidad y falta de garantías.

Restricción innecesaria e irrazonable

Como puede apreciarse, el denominado “Plan Zanahoria” constituye una restricción irrazonable a las libertades civiles y económicas de los ciudadanos, sin representar a la vez un beneficio considerable para la sociedad en su conjunto.

Ojo que el adjetivo “irrazonablemente” es muy importante. No se trata de oponerse a la medida simplemente porque afecta la libertad (como han señalado algunos defensores de la medida), ya que toda regulación, toda norma de convivencia, afecta en alguna medida la libertad. Ese sería un argumento, por decir lo menos, incompleto. El tema es que el plan en cuestión afecta la libertad innecesaria e irrazonablemente.

En efecto, si aplicáramos al “Plan Zanahoria” el “test de razonabilidad” que han utilizado en diversos casos el Tribunal Constitucional y el Indecopi (necesariedad, razonabilidad y proporcionalidad), es fácil darse cuenta de que el referido plan no tiene ningún asidero lógico ni legal.

Propuesta alternativa: zonificación y control directo. Control de choferes ebrios.

Si el “Plan Zanahoria” no es una opción viable, entonces, ¿qué tipo de políticas públicas pueden ser empleadas para evitar las externalidades derivadas de la venta y consumo de alcohol y de la operación de bares y discotecas?

Bueno, en primer lugar habría que determinar cuáles son realmente las externalidades derivadas de la venta y consumo de alcohol y de la operación de bares y discotecas. El consumo de alcohol, asumiendo claro que es realizado voluntariamente por un adulto en plenas facultades no produce externalidades, pues el sujeto que realiza la actividad (consumir licor) es el que sufre los daños derivados de ésta (desde una simple resaca hasta daños permanentes). Alguien podría argumentar que se producen daños morales a la familia o amigos cuando una persona consume licor indiscriminadamente. Esos no son, sin embargo, daños que deban internalizarse a través de la acción estatal, sino más bien mediante arreglos privados entre las partes involucradas.

Luego, en lo que se refiere a los daños que pueden producirse como consecuencia de manejar bajo la influencia del alcohol, éstos son consecuencia precisamente de manejar en dicho estado, y no del consumo en sí. Lo que corresponde, entonces, es prohibir y fiscalizar manejar en estado de ebriedad. Como señalamos al inicio del presente texto, estamos a favor de dichos controles e incluso sugeriríamos que se incrementen y apliquen con más rigor.

Finalmente, en cuanto al ruido y otras externalidades producidas a los vecinos por la operación de discotecas de bares (tráfico, por ejemplo), la respuesta es relativamente sencilla, y de hecho ya se aplica en algunos distritos, ya sea por el orden impuesto por las autoridades o porque espontáneamente se han producido “clusters” de actividad: zonificación. Se debe establecer zonas en las que este tipo de negocios puedan ubicarse sin perjudicar a terceros e incluso facilitando la fiscalización. Si la actividad “juerguera” está focalizada en determinadas zonas, como la “zona rosa” en Bogotá o el “barrio rojo” en Ámsterdam, por ejemplo, será menos costoso para las autoridades controlar el orden y la seguridad, sin que sea necesario restringir la libertad de consumir licor y divertirse hasta el día siguiente.

6 respuestas a Las falacias del denominado “Plan Zanahoria”

  1. Carla Figallo dice:

    De acuerdo con tus argumentos. Sin embargo, me queda la duda si es que realmente las discotecas y locales nocturnos van a disminuir sus ingresos. Puede que esto pase en el corto plazo pero probablemente a largo plazo se regularice la situación. Creo que a la larga lo que el plan zanahoria va a generar es únicamente que la “juerga” se adelante. La gente no va a estar contenta con salir a una discoteca de 1am a 3am (y solo disfrutar de su juerga por dos horas) sino que se van a ver forzadas a empezar a salir más temprano, digamos 10pm, 11pm. Y justamente sobre esto, creo que podrías haber incluído un argumento adicional a favor de no instaurar el plan zanahoria. El argumento es que, si el Estado prohibe la venta de alcohol de las 3am en adelante y antes la gente empezaba a tomar a las 12, pues de ahora en adelante la gente va a empezar a tomar a las 10 (o comprar trago más temprano) lo que implica que en la misma cantidad de horas se presenten las mismas posibilidades de accidentes y violencia (la violencia, ahogos y accidentes causados supuestamente por la operacion de discotecas y bares no se llevará a cabo entre la 1am y 8am sino entre las 10pm y 4am). Es decir, se impedirá quien sabe que un borracho no choque a las 7am pero probablemente si lo haga a las 4am o 2am…

    Por otro lado, estoy de acuerdo con que las discotecas, bares y bodegas no causan los accidentes sino que éstos son causados por la irresponsabilidad de las personas pero que, asumiendo lamentablemente tenemos que lidiar con toda clase de personas y que no todos tenemos un buen comportamiento ni los mismos valores, en realidad la verdadera razón por la cual no disminuyen los accidentes está en la falta de vigilancia, seguridad y EFECTIVIDAD DE LAS SANCIONES.

    Por último, nada podemos hacer por las personas que toman y deciden meterse al mar, de la misma manera en que nada podemos hacer por las personas que se emborrachan en su casa y se caen de las escaleras o, incluso, por las personas que deciden suicidarse…para evitar estos casos tendríamos que limitar seriamente la libertad personal y eso va en contra de todo sistema que cree en la libertad.

    • Estimada Carla,

      Gracias por tu comentario. Si bien es posible que los consumidores se reajusten al horario del Plan Zanahoria, eso no pasaría, creo, ni en el corto ni mediano plazo, por lo que sí creo que las pérdidas seráan significativas. Por lo que he podido escuchar de personas relacionadas al negocio, incluso un fin de semana sin atender puede afectar seriamente el equilibrio financiero de un negocio de éstos, especialmente si el local no es propio (aunque esta no es data comprobada, debo admitir). Los propios negocios en Barranco y Miraflores han manifestado su opinión en este sentido. En cualquier caso, y como bien dices, incluso si se “mueven los horarios de juerga” puede dudarse de la efectividad del plan. La gente simplemente tomará (y se embriagará) más temprano.

      También de acuerdo, finalmente, en que el quid del asunto está en el control efectivo y sanción efectiva de las conductas que en realidad vale la pena fiscalizar.

      Saludos,

      Mario

  2. Luis Carlos dice:

    Lo que queda claro es que no hay un análisis serio de razonabilidad y proporcionalidad en la medida, lo que es una exigencia para todo tipo de regulación. La Municipalidad ha evaluado el costo-beneficio de la medida y se lo ha presentado a la población? Toda limitación de libertades genera un costo y, deseablemente, un beneficio. ¿Los hemos comparado? ¿Vale la pena incurrir en ese costo? El Plan le suena bien a muchos porque se presta a la demagogia. Pero nadie se ha tomado el trabajo de tratar de cuantificar lo que le cuesta a la sociedad en vrios aspectos, y no me refiero solo a los empresarios discotequeros, que seguramente son mucho menos afectados que sus trabajadores, por ejemplo, pues varios de ellos se podrían quedar sin empleo porque al restringirse la actividad empresarial en ese rubro, serán menos necesario y quizás, varios de ellos, prescindibles. Pero ese es solo un ejemplo. Hay muchos costos colaterales.
    ¿Y los beneficios? ¿Queda claro el efecto sobre la seguridad ciduadana? ¿A cuánto asciende? No se oye, padre.

    • De acuerdo Luca.

      Esa es una carga que toda autoridad debería cumplir antes de imponer una determinada regulación… pero el análisis “costo-beneficio” suele ser pobrísimo, por lo menos a nivel del Congreso. Hay algunas entidades que cumplen con pre-publicar las normas y hacen buenas exposiciones de motivos, pero son la excepción.

      Saludos,

      Mario

  3. cesar dice:

    Yo creo que se podría utilizar el sistema de precios para que la gente internalice los costos de sus acciones. A ver que les parece esta idea.
    Si la gente ocasiona problemas a otros cuando toma, entonces debería asumir esos costos.
    ¿cómo se podría hacer eso? Si las Municipalidades tienen que contratar más serenos y policías para evitar los problemas entre las personas que van a discotecas, fiscalizar que no manejen ebrios y otros problemas, entonces que cobre más por las licencias de funcionamiento. Que saque un cálculo de cuánta gente más se necesita para fiscalizar y evitar las peleas, accidentes, etc., y luego eso lo divida entre las fuentes generadoras de esos problemas, que de seguro deben ser las discotecas.
    Para pagar los mayores costos de las licencias de funcionaiento, muchas discotecas van a trasladar ese mayor costo a los usuarios ya sea a través de las entradas, de la venta de licores, etc. Y los usuarios ya verán si pagan o no.
    Para que este sistema funcione mejor quizás se deben establecer cobros diferenciados según las horas, por ejemplo, hasta la 1:00 te cuesta tanto, después de esa hora, la licencia te cuesta mucho más. También se puede establecer licencias según zonas. De esa manera, podrías lograr concentrar la oferta en un lugar, etc.
    Las discotecas, restaurantes y bares si crean externalidades negativas a terceros, que muchas veces no son internalizadas por estos lugares. Por ello,
    quizás si necesaria un poco de regulación. Pero la cuetión es buscar el mecanismo de lograr la internalización. Sería bueno explorar soluciones y no solo oponernos a la medida.
    un abrazo,
    César

  4. César,

    Gracias por tu comentario. De alguna manera tratamos de proponer una solución con el tema de la zonificación (pues sí reconozco que estos lugares producen externalidades), pero hay aspectos de la medida que simplemente no tienen sentido, no vale la pena ni encontrar medidas alternativas.

    Me parece bien lo que propones, licencias con costo diferenciado. El que se va a quedar abierto hasta más tarde, que pague más. Otra forma de internalizar costos también es que algunas obligaciones las asuman directamente ellos: poner VIP’s por ejemplo para temas de seguridad, aislar el sonido, etc..

    Saludos,

    Mario

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