“Is greed good?” Sobre la avaricia, el libre mercado y la crisis financiera

SPOILER ALERT: Si todavía no ha visto la película, le adelanto que el presente comentario puede describir algunas partes de la trama.

Acabo de ver “Wall Street, Money Never Sleeps” de Oliver Stone.  El filme, a diferencia de la primera película de la saga, titulada simplemente  “Wall Street”, deja mucho que desear. En esta segunda entrega, un Gordon Gekko redimido no afirma que la avaricia es buena como hiciera más de 20 años atrás, sino que la cuestiona e incluso la responsabiliza de la profunda crisis que afectó a los principales mercados financieros entre 2007 y ¿2009? ¿2010?

Gordon Gekko en la original “Wall Street” (1987) (sorry por la calidad del video, es el mejor que pude encontrar):

La película, en ese sentido, no escapa de la corriente mayoritaria de opinión que, tanto a nivel mediático como académico, y desde diversos sectores del espectro ideológico, ha atribuido la “crisis sub-prime” a la desregulación del sistema financiero, al “capitalismo salvaje” y a la “excesiva codicia de Wall Street”.  Incluso renombrados defensores del libre mercado, como el Juez Richard Posner, han señalado que “se fue demasiado lejos en la desregulación de la industria bancaria”. Desde nuestro punto de vista, posiciones cómo esta no contribuyeron a solucionar o aminorar los efectos de la crisis, sino que, por el contrario, han contribuido a prolongarla, al mismo tiempo que conllevaron un enorme y condenable desperdicio de recursos en rescates financieros a bancos que debieron de quebrar, todo por el mito del “too big to fail”. (Dicho sea de paso, aquí sí la película acierta al condenar este tipo de medidas, dado que pueden crear “azar moral” en los inversionistas. Es decir, dado que “cuando quiebro el Estado me rescata”, los inversionistas no tienen incentivos para tomar las mejores decisiones de inversión).

No puede negarse, es cierto, que algunos agentes del mercado  incurrieron en conductas fraudulentas (principalmente, esconder los “créditos tóxicos” en sus estados financieros y las valoraciones demasiado “optimistas” de muchas agencias calificadoras de riesgo). Otros, simplemente, arriesgaron demasiado —y ello explica por qué a otros, que fueron más cautos, no les fue tan mal con la crisis e incluso a algunos otros les fue muy bien. Pero el comportamiento “oportunista” y “codicioso” de algunos agentes del mercado no puede ser la única ni la principal explicación de la crisis, si se toma en cuenta que en realidad el afán de lucro de cualquier proveedor de bienes o servicios es una constante en los mercados. No sólo es una constante, sino que puede afirmarse incluso que tal afán de lucro es el motor mismo del funcionamiento de los mercados. Es el que nos impulsa a innovar, a ahorrar costos, a ser más eficiente, a ofrecer mejores y más diversos productos y servicios.

Quien afirma que la codicia de algunos banqueros fue la causa de la crisis debería demostrar que hubo alguna especie de “epidemia de codicia” en los años 2006 y 2007 o que antes de dicho periodo los agentes en el mercado no “especulaban” (es decir, no “compraban barato para vender caro”, que finalmente es como funciona siempre el mercado) con valores. Como es obvio, demostrar ambas cosas sería imposible, por lo que el argumento de la avaricia debe ser dejado de lado como un factor determinante para el origen de la crisis financiera. No pretendemos con esto argumentar que mucha gente no actuó de manera irresponsable o hasta irracional. Lo que pretendemos afirmar es que siempre algunas personas actúan en el mercado equivocadamente, irresponsablemente e incluso irracionalmente. Pero ello no explica por sí solo una crisis de las proporciones de la crisis inmobiliaria. Como señala Richard Epstein, la avaricia es una constante en la naturaleza humana. Las crisis financieras, por otro lado no son una constante en la vida política ni económica. Es preciso, por lo tanto, entender por qué el comportamiento económico egoísta puede producir progreso en algunos casos y debacles en otros.

La respuesta está, en gran medida, en el marco regulatorio que subyace al comportamiento de las personas, y en los incentivos que dicho marco genera.  En ese sentido, resulta también erróneo culpar a la desregulación de la crisis, si se toma en cuenta que la última “ola desregulatoria” del mercado financiero en los Estados Unidos de América se produjo con la Ley de Modernización de los Servicios Financieros de 1999, también conocida como la “Gramm-Leach-Bliley Act”, promulgada por el Presidente Bill Clinton. Luego de eso, las sucesivas normas promulgadas en el sector financiero han tendido, por el contrario, a incrementar la regulación. Sólo para citar algunos ejemplos, mencionaremos que en el mercado financiero se regula obligaciones de registro o licencias, información mínima  a revelar, capital mínimo, ratios máximos de apalancamiento, entre otras.

Las verdaderas razones de la crisis financiera (originada en primer lugar en el mercado de hipotecas sub-prime y diseminada luego por todo el sistema crediticio) pueden atribuirse, principalmente, al propio Gobierno Federal de los Estados Unidos de América. En efecto, dado que el “sueño americano” dicta que todo ciudadano estadounidense debe ser propietario de un “techo propio”, diversas políticas de vivienda implementadas por el Congreso de los Estados Unidos de América y la Federal Housing Administration incentivaron, e incluso en cierta medida obligaron, a que las entidades financieras bajen artificialmente el costo de los créditos hipotecarios. Ello, como es natural, causó que la demanda de estos créditos se incremente considerablemente, dando inicio a lo que se conoce como la “burbuja inmobiliaria”.

En paralelo, aproximadamente a partir del año 2001, luego de la crisis “punto-com”, el Banco Federal de Reserva (FED) de los Estados Unidos de América comenzó a reducir considerablemente la tasa de interés referencial de los fondos federales disponibles para préstamos inter-bancarios de corto plazo, con la idea de combatir la recesión causada por la referida crisis. Incluso economistas como el Premio Nobel de Economía Paul Krugman defendieron la necesidad de crear una “burbuja inmobiliaria” con dicha finalidad: “Para combatir esta recesión el FED necesita más que un empujón; necesita incrementar el gasto familiar para compensar el decrecimiento de inversión de los negocios. Y para hacer eso (…) Alan Greenspan debe crear una burbuja inmobiliaria a fin de reemplazar la burbuja NASDAQ”.

Así, la referida tasa bajó de 6.25% a inicios de 2001 a 1.75% a fines del mismo año. Posteriormente fue reducida aun más en 2002 y 2003, llegando a un mínimo récord de 1% a mediados de 2003. Esta medida causó que las tasas de interés cobradas por los bancos a los consumidores finales se redujeran notablemente. En otras palabras, causó que el dinero estuviera “barato”. Este dinero barato se orientó en gran medida al mercado inmobiliario. Esto generó incentivos para endeudarse para comprar casas. Como todo el mundo compraba casas, el valor de éstas se iría siempre para arriba. Y se endeudó quien no se tenía que endeudar. Compró (e hipotecó) casas quien no podía pagarlas. Luego estos créditos hipotecarios, incluidos los tóxicos, fueron empaquetados y maquillados. Y lo que no debía ser rentable era rentable, porque el dinero estaba barato… y bueno, el resto es historia conocida.

Para indagar más acerca de la crisis financiera y el marco regulatorio que (en gran medida) le dio origen, les sugiero revisar este paper de Laurence White: http://www.cato.org/pubs/bp/bp110.pdf (de lo mejor que he leído sobre el tema).

¿Y a ustedes, les gustó la película? Si es así, bacán; pero por favor, no se crean el cuento del maestro Oliver Stone: greed, for the lack of a better word, is good!

6 respuestas a “Is greed good?” Sobre la avaricia, el libre mercado y la crisis financiera

  1. ruben mendez dice:

    Interesante… aunque creo que tambien podrias linkear lo expuesto con la madre del cordero (la bendita reserva fraccionaria)

    saludos

    • Mario Zúñiga dice:

      Estimado Rubén,

      Gracias por el comentario. No he estudiado todavía el tema de la reserva fraccionaria, pero sí, me late que el mundo estaría mejor si siguiéramos con el estándar del oro y no hubiera hecho legal el “carrousel” del dinero. Fácil lo trato en otro post!

      Un abrazo,

      Mario

  2. cesar dice:

    Mario:

    te paso este link:
    http://www.economist.com/debate/overview/184
    Me parece una proposición bastante fuerte decir que se debieron dejar quebrar a los bancos y que el rescate fue peor que dejarlos quebrar.
    Yo en realidad no tengo conocimiento de macroeconomía ni de finanzas para opinar sobre el tema. Pero alguna vez leí a Gary Becker que el rescate si era un mal necesario (creo que él decía que no se debió llegar a esa situación, pero una vez que estás ahí, no te queda otra). Pero también reconocía que el tema no era tan fácil. Y aquí en Perú, el Dr. Luis Felipe Arizmendi recuerdo que él también decía que no quedaba otra. En realidad, hasta donde entiendo la discusión del mainstream económico no era si se debía, o no, intervenir, sino que la discusión era qué se hacía para aminorar el daño.
    Creo que incluso Friedman decía algo así en su libro “una historia de la política monetaria en los EEUU”. Hasta donde recuerdo no decía que el Estado debía intervenir adquiriendo las acciones de los Bancos, sino soltando dinero, restableciendo la confianza en el mercado, etc.
    Un post sobre el tema para legos sería interesante. a mi el tema me parece interesante, pero cuando he escuchado a los economistas debatir sobre estos temas, y he visto algunos papers sobre el tema, me han desanimado a leerlos.
    un abrazo,
    César

    • Mario Zúñiga dice:

      César,

      Gracias por el link. Te mentiría si te digo que estoy totalmente seguro de que no debió rescatarse a los bancos. Voy a buscar datos concretos, pero sé que hay algunos bancos que pasaron la crisis sin bailouts. Otros los tuvieron e igual quebraron. No sé si valga la pena que el Estado pague US$ 800 millones de los contribuyentes para eso. Por una cuestión de principios, ¿por qué socializar las perdidas de estas empresas allí donde no se socializan sus ganancias (impuestos aparte)? Fácil me animo a tratarlo en un nuevo post.

      Un abrazo,

      Mario

  3. Adan dice:

    This is my first time pay a visit at here and i am actually impressed to read everthing
    at one place.

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