Te haces el “angelito”… ¡y me quieres censurar!

Hace algunas semanas Ricardo Belmont Cassinelli ―miembro del Congreso peruano y a la vez dueño de un canal de televisión, también conocido cariñosamente como el “hermanón”― presentó un proyecto de Ley para modificar la Ley de Radio y Televisión, con la finalidad de “precisar” o “reforzar” las prohibiciones contenidas en dicha norma respecto del contenido “violento u obsceno que pudiera afectar los valores inherentes a la familia, los niños y adolescentes” y del “contenido pornográfico”. Belmont, entonces, se hace el “angelito” y nos quiere vender la idea que el contenido violento u “obsceno” es peligroso y debe ser prohibido.

angelito.jpg

El proyecto resulta criticable, en primer lugar, porque el texto propuesto para los artículos que se pretende modificar resulta tan similar a los artículos originales que, en la práctica, el proyecto no representa cambio alguno. El proyecto reconoce que los artículos actuales de la Ley de Radio y Televisión son “letra muerta”, pero se piensa que para que tengan efectiva vigencia se requiere solamente de “precisiones” al texto. No se cuida de indagar, por el contrario, cuáles son las razones para que la Ley no se respete: ¿existe una autoridad competente para aplicar la Ley o sancionar a quien la incumpla? ¿Cómo se determina qué tipo de contenido afecta los “valores inherentes a la familia”? ¿Es posible fiscalizar la gran cantidad de contenidos emitidos? Esta carencia no nos debe sorprender, pues nuestro ordenamiento está plagado de normas con “textos ideales” que no se preocupan por su implementación ni efectos.

Pero, más allá de los defectos de coherencia o redacción del proyecto materia de comentario, lo que más nos importa, como siempre en este blog, es el tema de fondo: ¿tiene sentido que el Estado prohíba el material “obsceno” y/o la pornografía”?

Creo que no. No existe justificación alguna para establecer una prohibición total de la pornografía. Uno de los argumentos que se ha manejado tradicionalmente al defender la prohibición de la pornografía es que supuestamente incentivaría la comisión de violaciones. No obstante, como ha demostrado Posner en su libro “Sex and Reason”, la pornografía no incentiva la comisión de violaciones ni ninguna clase de relaciones sexuales indebidas. Por el contrario, se trata de un producto que podría contribuir a su disminución al incentivar la masturbación que es un sustituto de la demanda de relaciones sexuales (consensuadas o no consensuadas).

Tampoco puede argumentarse que la programación violenta induzca a comportamientos igualmente violentos. Según un estudio realizado sobre la relación entre la televisión y la violencia en Canadá, sólo los niños que ya presentan tendencias a comportarse violentamente son aquellos en los que el contenido violenta puede influir negativamente. Esas tendencias, obviamente, responden a otros factores que dependen más de la familia y educación.

En el caso particular de la pornografía, si esta conduce a la “degradación moral” (lo que sea que eso signifique) de la sociedad, como se sostiene en el Proyecto, resulta también sumamente discutible. ¿Cuál es el estándar de moral que queremos en nuestra sociedad? ¿Debe siquiera el Estado preocuparse de imponer o perseguir un estándar moral? ¿Es más inmoral consumir pornografía que consumir licor, tabaco o automóviles deportivos? Soy de la opinión de que el Estado no debe inmiscuirse en temas morales, debido a que éstos resultan muy subjetivos y resulta muy complicado establecer estándares que permitan una adecuada regulación. Por lo demás, me resulta complicado creer que un niño o adolescente adecuadamente criado y educado vaya a “pervertirse” por ver una película pornográfica o una película violenta. ¡Cuidemos a nuestros hijos y no le pidamos a la televisión que sea la niñera!, como bien dijo Stan en algún capítulo de la no pocas veces censurada South Park.

Existen otros factores a los que se debe poner atención si se quiere disminuir la cantidad de conductas antisociales: pobreza, abandono infantil, explosión demográfica, ausencia de educación, etc. Censurar los contenidos televisivos (o de cualquier otro medio) no es la respuesta. Quizás el establecimiento de ciertas restricciones de horarios sea admisible (y digo “quizás” porque podrían existir mecanismos privados más eficientes, como el “control parental”), pero una prohibición absoluta resulta poco razonable.

La pregunta, en ese contexto, es si no hay algún otro interés subyacente al Proyecto presentado. ¿No será que el poco éxito comercial del canal del congresista Belmont,  que en parte puede atribuirse a los contenidos violentos u obscenos de otros canales, hace que le seduzca el imponer un estándar moral que “nivele la competencia”? La lógica es simple: si Magaly TV me quita rating a las nueve de la noche, prohibámosla.

En todo caso, no parece de lo más transparente que un congresista que a la vez es dueño de un canal de televisión proponga una regulación que sin duda afectará específicamente a dicha industria. Esto se llama simplemente “conflicto de intereses”. El mismo conflicto que existía cuando el mismo congresista promovía un proyecto de ley para regular a las empresas que miden el rating televisivo.

Todo parece indicar que no estamos aunque una verdadera cruzada moral (que sería equivocada, pero por lo menos honesta), sino que más bien que el Proyecto esconde un interés propio.

Así que ¡no te hagas el “angelito”, pues “hermanón”!

Nota: la imagen superior es una caricatura de Andrés Edery para la columna de Marco Sifuentes en Perú 2.1, en la que precisamente se da cuenta de cómo RBC ha solicitado que se censure material alegando incorrectamente la violación de derechos de autor.

3 respuestas a Te haces el “angelito”… ¡y me quieres censurar!

  1. Luis Carlos dice:

    Y como “en todas partes se cuecen habas”, en España ya entra en vigor la Ley General Audiovisual http://www.elpais.com/articulo/sociedad/porno/prohibido/television/elpepusoc/20100501elpepusoc_1/Tes , que establece que las escenas de violencia “gratuita” o pornográficas incluidas en series, películas o programas de televisión en abierto están prohibidas.
    Es decir, ni control parental, ni horario de protección al menor, ni nada, el Estado te apaga el televisor: “¡mañoso, pervertido y violento!”. Un consejo de sabios e iluminados será quien diga qué es pornografía (y lo diferenciara, quizás, de erotismo) y qué es violencia “gratuita” (¿cuál será la violencia “pagada”?) y no permitirá su difusión por televisión en ninguna clase de horario. Varias libertades restringidas, poco razonabildiad en la medida y, eso sí, harto populismo.
    No tengo diea cómo harán con los noticieros, porque tanto allá como acá, suelen estar llenos de violencia “gratuita”.

    Luis Carlos

    • Mario Zúñiga dice:

      Terrible lo de España. Y como si no fuera suficiente, la Ley que mencionas establece también una cantidad máxima de 20 minutos de publicidad por hora de progración. La medida resulta expropiatoria y podría afectar gravemente la rentabilidad de los canales de televisión. El Gobierno no tiene por qué decirle a los empresarios cuanta publicidad poner. Si algún canal se excede en tandas comerciales, los consumidores dejarán de programarlo.

      Ojo que el servicio provisto por las televisoras es normalmente gratuito, por lo que éstas empresas viven de la televisión. A más(o más cara) publicidad, mejor programación. Restringir la publicidad es reducir la posibilidad de tener una mejor programación.

      ¿Y qué pasa con los canales de telemarketing?

      Saludos,

      Mario

  2. […] algunas semanas, habíamos advertido ya en el blog sobre un proyecto de ley presentado por el congresista ―y propietario de un canal de […]

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