Soluciones “sobre el pucho” (II)

Acerca de las restricciones legales a la publicidad de cigarrillos

Hace un par de semanas publiqué un post sobre las restricciones impuestas (o más bien sobre el incremento de las restricciones ya existentes) al consumo de tabaco en establecimientos abiertos al público. Quedó, sin embargo, la tarea pendiente de comentar un proyecto de ley que busca prohibir totalmente la publicidad de cigarrillos.

En efecto, no nos encontramos ya ante un supuesto de protección de ambientes u horarios en los que la publicidad puede incentivar el consumo en grupos de consumidores que merecen especial protección. Así, por ejemplo, consideramos razonable prohibir la publicidad de tabaco en horarios de protección al menor  o prohibirla en colegios o centros deportivos para menores. Puede argumentarse, también que avisos o programas dirigidos a niños y/o adolescentes (sino vean en la imagen a Pedro y Pablo en actitud satisfactoria mientras fuman un “puchito”) no deberían ser permitidos. Prohibiciones como estas (y otras más) en efecto existen y están reguladas por la Ley No. 28705, Ley General para la Prevención y Control de los Riesgos del Consumo del Tabaco.

Pero no, lo que se pretende ahora es prohibir totalmente la publicidad de cigarrillos. Ni siquiera después de las 10 de la noche, ni siquiera en revistas dirigidas a adultos, ni siquiera en un encarte dirigido a tu casa. Nada. Cero.

Como abogado que soy, podría decirles que una medida como la descrita afecta la “libertad de expresión comercial”, la “libertad de empresa” de los productores de tabaco, así como la “libertad de información” de los consumidores. Y todo eso sería cierto, creo.

Pero no, lo que quiero decirles en este post es que, más allá de violar diversas normas legales y constitucionales vigentes, el proyecto de ley propuesto no tiene sentido (ni común ni ningún otro). No sólo no será útil para lograr los fines que supuestamente busca (disminución del consumo de tabaco), sino que además los medios diseñados para conseguir tales fines no resultan proporcionales pues afectan excesiva e innecesariamente, tanto a fumadores como a productores de tabaco. Esta idea se apoya en varias y sólidas razones:

  1. Como afirmamos en nuestro anterior post, no creemos que sea legítimo ni que contribuya al bienestar social que el Estado deba prohibir la comercialización o el consumo de cigarrillos. Si bien fumar es un hábito no recomendable y que, probadamente, causa perjuicios a quien lo consume, creo que cada persona (me refiero a adultos en pleno uso de sus capacidades) tiene derecho a consumir lo que le parece y lo que le causa placer, incluso cuando se pueda producir un daño, asumiendo las consecuencias de sus actos. Incluso cuando se trate de un “suicidio” a largo plazo. Si prohibiéramos el consumo del cigarro tendríamos también que prohibir el alcohol, la comida chatarra, las bebidas energizantes entre otros. Debe tomarse en cuenta que al prohibir el cigarro estamos privando al consumidor de un beneficio (placer de fumar) y a los productores de significativos ingresos. Claro, ustedes dirán “¡qué importa!, ¿acaso esos intereses deben ser protegidos?”. Yo creo que sí. Si bien a muchos de nosotros nos puede parece que “el placer de fumarse un pucho” no tiene mucho valor, o tiene incluso un valor negativo al producir perjuicios, esa es una valoración que compete exclusivamente al sujeto que consume el tabaco y que paga por él. Afirmar lo contrario, nuevamente nos conduciría por un peligroso camino, en virtud del cual el Estado o la colectividad (en realidad, quien tenga la mayor capacidad de “lobby”) decide qué bienes son buenos o malos, más valiosos o menos valiosos. Eso, llevado al extremo, es comunismo… y ya sabemos a dónde conduce ese sistema.
  2. Por lo demás, debemos tener en cuenta que, incluso cuando una prohibición total de fumar sea deseable, dicha prohibición sería imposible de fiscalizar en la práctica, y tendría más efectos negativos que positivos. La lógica económica y la historia nos enseñan que la prohibición del consumo o la comercialización de ciertas sustancias lo único que trae es violencia, menor calidad y mayores precios, todo en perjuicio de los consumidores y del Estado.
  3. Considerando que la comercialización ni el consumo del tabaco están prohibidos, ¿no parece contradictorio (o hasta hipócrita) que se prohíba la publicidad? Es decir, si un producto es legal, ¿por qué quien lo produce no puede publicitarlo? A la larga, lo que se logra es que el consumidor igual acceda al producto, pero con menos información sobre éste. La menor información sobre los cigarrillos a la larga lo que causa es que los consumidores no sepan dónde encontrar sus cigarros (más “costos de búsqueda”) y que no identifiquen a las marcas de marca de mayor calidad y, por ende, de garantía. Al marginalizar el mercado de cigarrillos lo que hacemos es facilitar el consumo de productos de mala calidad y sin respaldo corporativo alguno. Claro, cualquier cigarro mata, pero un Marlboro te podría matar luego de consumirlo muchos años… un cigarro “bamba” te podría matar a la primera pitada.
  4. No hay evidencia estadística de que la prohibición de la publicidad reduzca significativamente el consumo del tabaco. Dado que el tabaco es un producto adictivo, la demanda por éste suele ser “inelástica” (como la gasolina o el pan). Esto quiere decir que ante un mayor precio (y menos información equivale a un mayor precio) el consumidor no necesariamente consume menos dicho bien, porque lo “necesita”, lo valora más y lo prioriza frente a otros productos. Pueden consultar el caso de Filipinas o, para algo más científico, este reporte del National Bureau of Economic Research.

En resumen, lo que vamos a tener con regulación como la que es materia del presente post es: cigarros más caros, cigarros de menor calidad, y no necesariamente menos fumadores.

La publicidad a mayores de edad capaces debe ser prohibida y sancionada sólo si es engañosa. Este normalmente no es el caso, pues el consumidor sabe que el cigarro le hace daño. Tal como refleja un estudio de IPSOS Apoyo (2009), 93% de fumadores es consciente de las advertencias sanitarias respecto de los perjuicios del tabaco, y un 89% considera que las advertencias son muy claras o claras.

Si queremos menos fumadores, lo que hay que hacer es educar. Educar desde la familia, desde el colegio y desde la Sociedad.

6 respuestas a Soluciones “sobre el pucho” (II)

  1. Mario Zúñiga dice:

    Felizmente los proyectos materia del post no han sido aprobados todavía: http://elcomercio.pe/impresa/notas/revision-ley-antitabaco-vuelve-postergarse/20100324/451203

    Pero no se puede cantar victoria, hay que seguir el debate.

  2. Mario Zúñiga dice:

    Lamentablemente el Congreso aprobó el proyecto materia del post: http://peru21.pe/noticia/454176/congreso-aprobo-ley-antitabaco

    Es posible que en el debate algunas de las medidas propuestas se hayan eliminado así que prometo darle una mirada al texto de la Ley apenas lo tenga y comentarles por esta vía lo que sea más relevante.

    Saludos,

    Mario

  3. Mario Zúñiga dice:

    Normalmente no coincido con los nacionalistas, pero en esto 100% de acuerdo con Abugattas:

    http://peru21.pe/noticia/454218/daniel-abugattas-ley-antitabaco-demagogica

    Saludos,

    Mario

  4. […] Se aprobaron los cambios a la “Ley Antitabaco” Finalmente fueron aprobadas el 2 de abril las modificaciones a la Ley Antitabaco. Las modificaciones realizadas intensifican diversas restricciones aplicadas a la comercialización y consumo del tabaco, restricciones que si bien en algunos casos responden a una finalidad atendible, resultan simplemente excesivas e irrazonables, como ya había señalado en un par de posts en De Común Sentido, publicados cuando se discutía el proyecto (ver aquí y aquí). […]

  5. Julio Mendigure dice:

    Estimado Mario:
    Dejemos la hipocresía. El Cigarrillo sencillamente MATA a las personas. La industria tabacalera y sus agentes remunerados o no pretenden negar bajo cualquier pretexto los nexos entre el consumo de tabaco y su grave impacto en la salud individual como colectiva. Te sugiero que leas este artículo. http://www.scielosp.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1020-49892002000200014

    Cordialmente,

    Julio Mendigure

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