Entre Drogas y Putas

Las drogas y las prostitutas tienen algo en común: “nadie” quiere que existan, pero muchos pagan por ellas. Si toda demanda genera su oferta, ¿qué tipo de mercado queremos… uno ilegal o uno formal? Dicho de otra forma… ¿qué debemos pedirle al Estado… prohibir y perseguir o regular y educar? Este es el dilema.

Las personas que apuestan por “prohibir y perseguir” se basan –sospecho que más consciente que inconscientemente- en concepciones morales: creen que el papel de las autoridades es ser pastores eclesiásticos de un rebaño… donde las ovejas no son capaces de decidir qué les conviene y los pastores son los únicos que pueden encarrilarlos. Para muestra un botón: en los Estados Unidos, un país donde el 83% se declara religioso, 1 millón de personas es enviada todos los años a la cárcel por “crímenes” que no impactaron en nadie más que en ellos mismos. (Ver, The Longest War, Gwynne Dyer).

La principal razón para apostar por “regular y educar” es que nadie más que el individuo puede decidir qué le trae bienestar. No le corresponde al Estado decidir si “drogarse o irse de putas” le hace más bien que mal al individuo. Reemplazar la libertad individual mediante reglas de conducta es propio de las religiones… no de un Estado democrático.

Hay también –sin duda- una razón práctica para “regular y educar”: lo único que puede ofrecer el Estado frente a la oferta de drogas y prostitutas… es velar por que no se venda el producto a menores, por que se provea suficiente información sobre el producto a mayores, y por que los espacios de consumo cumplan con ciertos estándares de seguridad. Y digo “puede” porque los recursos escasos del Estado no le permitirían hacer eficazmente mucho más. ¿O el sentido común nos dice que el Estado puede desaparecer las prostitutas o que su lucha contra el narcotráfico alguna día será exitosa? (Ver, cifras en www.devida.gob.pe)

Desde luego habría que definir varios temas para regular con sentido las drogas y las prostitutas… ¿qué estándares de seguridad serían adecuados para los espacios donde se ejerza la prostitución y el consumo de drogas? ¿Dependerían esos estándares del nivel de enajenación del consumidor o el daño que pueda causar a los demás? ¿Deberían los consumidores de estos productos tener una menor cobertura de la seguridad social? ¿En qué canales de comunicación debería realizarse su publicidad? ¿Deberían tener publicidad? ¿Qué régimen tributario debería aplicárseles? (dejo los temas planteados para el debate)

La historia humana está llena de apuestas por “prohibir y perseguir”, a principios del siglo pasado fue el alcohol, hoy son la coca, la marihuana y (en gran medida) las prostitutas, mañana puede ser la cafeína… la ideología detrás es más o menos la misma: el individuo no está en capacidad de elegir qué es lo que más le conviene y por tanto debe hacerlo el Estado. Y en esto se parecen –más de lo que creen- las religiones, el fascismo y el comunismo. Lamentablemente, frente a las prohibiciones todos pierden: el Estado no recauda impuestos por una actividad económica, los trabajadores del sector –como las prostitutas- no reciben derechos laborales, los consumidores no reciben información (no hay marca ni publicidad ni información sobre riesgos), nadie responde por la idoneidad de los productos, el consumo se da en espacios que no cumplen con estándares de seguridad, no hay una distribución formal que ayude a alejar el producto de los menores, los márgenes se acrecientan por la escasez, y entonces aparecen las mafias… y las guerras entre carteles, y los asesinatos y corrupción de autoridades, y el lavado de dinero, y las millones de vidas arruinadas… un costo social altísimo que todos pagamos ¿para proteger al individuo de sí mismo? ¿al mismo individuo que en cualquier momento puede decidir suicidarse sin que el Estado lo pueda impedir?

Mi apuesta es sin duda por reglas con sentido y educación. Creo firmemente que esa es la tarea del Estado. Necesitamos creer menos en el Estado y más en el individuo. Menos en la prohibición y más en la educación. Menos en la moral y más en el sentido común. La moral es muy mala consejera de autoridades… ¡si no miren cómo quien defiende nuestras libertades económicas -INDECOPI- se niega a reconocer al Pezweón©!

6 respuestas a Entre Drogas y Putas

  1. […] costumbres” no son buenas consejeras de la Ley, tal como ya había hecho Fernando con su post del viernes último. 0.000000 […]

  2. Phelan Kelly dice:

    Me parece un interesante enfoque de las prohibiciones de la prostitución y del tráfico-consumo de drogas, sin embargo me gustaría efectuar una addenda en lo referido al tema de prohibición de las drogas.

    Antes de ello, quisiera convenir con el la publicación en cuanto la prohibición de la prostitución parte de una visión de Estado Paternalista que parte de una concepción del individuo como un inválido que requiere que desde arriba se le esté guiando a fin de que la población no desaparezca por su propia insensatez. Esta visión tiene sus manifestaciones extremas en casos como aquel en que se quería impedir que la gente se suicide del puente Villena enviando a serenos que detengan a los potenciales suicidas quienes incluso los llegaban a agredir físicamente, contrariando la finalidad para lo que estaban ahí: proteger la vida del suicida. Obvio: para proteger tu vida te agarraban a palos afectando tu integridad física pudiendo poner incluso en riesgo tu vida misma, lo cual demuestra la contradicción que tiene este modo de pensar. Claramente se está olvidando que una de las manifestaciones del derecho a la libertad incluye el decidir sobre cuando poner fin a la propia vida. Nadie más que la persona para decidir sobre su vida.

    La prohibición de la prostitución, así las cosas, tendría sentido únicamente en cuanto existe el riesgo de que las enfermedades venéreas se propaguen, conociendo la irresponsabilidad que muchas personas, me incluyo, demostramos al momento de tener encuentros sexuales. En estos casos la medida tiene como finalidad impedir la propagación de ETS.

    En cuanto a la prohibición del tráfico de drogas, que en algunos casos llega a ser incluso prohibición de consumo de las mismas, estamos ante un caso de aseguramiento de que el negocio de venta de drogas prospere.

    Aunque suene contradictorio, existen muchas presiones en de los narcotraficantes para con figuras importantes de los distintos gobiernos, llegando incluso a tener intereses comunes con algunos de ellos. Un caso paradigmático es el de los Estados Unidos de América, donde la DEA más que un instrumento para controlar el tráfico de drogas, sirve como agencia de supervisión de los cultivos de los grandes narcotraficantes, quienes nunca aparecerán en los medios masivos de comunicación como enemigos públicos debido a que su poder económico, logrado a través del tiempo, les permite maniatar a la mayoría de éstos. La DEA tomará algunos pequeños traficantes, lo que servirá para justificar la naturaleza punitiva de esta entidad, así como para ocultar la labor de supervisión que realiza.

    Prohibiéndose el tráfico de drogas la venta de éstas se realizará a precios muy altos, con el consiguiente beneficio para los grandes narcotraficantes, situación que no ocurriría con la legalización de éstas, lo cual más bien traería consigo la desaparición los grandes imperios nacidos del tráfico de drogas.

    Este afán por prohibir las drogas llegó a su extremo en Argentina, donde incluso se prohibía el consumo, lo que obviamente despertó el clamor del público, sabiendo que ello obedecía al interés de los narcos por incrementar sus ganacias. Lógico: a más prohibición mayores ganancias.

    Es por ello que considero que en el caso de las drogas, la prohibición nunca desaparecerá, corriendo el riesgo, aquel congresista que se atreva a dar una ley liberalizadora, de pagar tamaña afrenta con su vida.

  3. Su Wand dice:

    La prohibición y persecución, las hace más atractivas…

    La regulación y la educación del asunto de la prostitución, me suena a bodrio… recuerden a “Panta” (…león), la “Peludita” y la “Chuchupe”.

    En cuanto a las drogas, coincido con Phelan Kelly. Además, ello no va a ser posible en un país con violencia y corrupción hasta las orejas, además de tener un sistema de justicia raquítico.

  4. […] ser la prostitución una actividad ilícita en dicho país (y en generar, siendo una actividad que no genera perjuicios sociales), me parece que una prohibición absoluta sería irrazonable. En todo caso, lo que sí debería […]

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