¿Soluciones “sobre el pucho”?

Acerca de las últimas medidas del gobierno contra el cigarrillo

Hace algunas semanas se publicó un decreto supremo en virtud del cual se modificó el Reglamento de la Ley General para la Prevención y Control de los Riesgos del Consumo de Tabaco, con la finalidad de, entre otras medidas, incrementar las sanciones aplicables a las personas que fumen (hasta S/. 360.00 de multa) o que permitan fumar (hasta S/. 3600.00 de multa) en establecimientos abiertos al público. Asimismo se restringe (del 20 al 10%) el espacio que los propietarios de dichos establecimientos pueden destinar a “zonas de fumadores”.

En adición a estas medidas, de por sí bastante duras, el gobierno ha presentado un proyecto de ley que prohíbe totalmente la publicidad de cigarrillos y que prohíbe el consumo de tabaco en todos los lugares de trabajo interiores o cerrados, sean privados o estatales, así como en bares, restaurantes, discotecas, cafés y otros establecimientos similares.

En pocas palabras, se estaría prohibiendo totalmente la publicidad de cigarrillos y se está (desde ya) prácticamente conminando a los fumadores a fumar exclusivamente en sus domicilios. En mi opinión, las medidas antes descritas no sólo no tienen ningún sentido, sino que además constituyen una intromisión indebida en la libertad y en la propiedad privada.

No tengo ningún motivo personal para defender a los productores ni a los consumidores de cigarrillos. No fumo, ni he fumado (y estoy bastante seguro de que no fumaré). Me molesta incluso, que fumen a mi lado. Pero más allá de mis preferencias personales (y de las suyas), vale la pena analizar si normas como las descritas tienen sentido y si tienen alguna posibilidad de lograr la finalidad que supuestamente persiguen.

En primer lugar, cabe preguntarse si el Estado debe buscar que la gente debe perseguir que la gente deje de fumar del todo. Personalmente, creo que no. Si bien fumar es un hábito no recomendable y que, probadamente, causa perjuicios a quien lo consume, creo que cada persona tiene derecho a consumir lo que le parece y lo que le causa placer, incluso cuando se pueda producir un daño.

Por lo demás, debemos tener en cuenta que, incluso cuando una prohibición total de fumar sea deseable, sería una norma imposible de fiscalizar y que tendría más efectos negativos que positivos. La lógica económica y la historia nos enseñan que la prohibición del consumo o la comercialización de ciertas sustancias lo único que trae es violencia, menor calidad y mayores precios, todo en perjuicio de los consumidores y del Estado.

Ahora bien, una pregunta distinta sería: ¿debemos prohibir que unos fumen en la presencia de otros? Esta pregunta, a nuestro juicio, tiene mucho más sentido que la primera, aunque la respuesta nuevamente es no.

Creo que una persona no debe imponer a otra respirar el humo de sus cigarrillos. Pero, ¿hasta qué punto un fumador realmente “impone” a los no fumadores el respirar el contaminante dióxido de carbono que sale de sus pulmones? Ciertamente, si asisto a la casa de un familiar o amigo que fuma, no pensaría en prohibirle que fume, más allá de que puedo cortésmente pedirle que deje de hacerlo y el podría hacerlo atendiendo a una norma social o simplemente porque valora mi compañía.

¿Pero qué pasa en los “establecimientos abiertos al público” (muchas veces mal denominados “lugares públicos”)? Es cierto que en tales establecimientos debemos soportar el daño que nos generan los fumadores. Pero aquellos que no fumamos debemos pensar que en muchas ocasiones asistimos voluntariamente a lugares a los que también asisten fumadores, y que además asistimos con conocimiento de que la gente fumará en ellos.

Claro,¿por qué un fumador me va a privar de asistir a un determinado establecimiento? O sea, ¿si un fumador o varios fumadores escoge(n) ir a un determinado restaurante o bar, yo que no soy fumador, ¿me “fregué”? Yo creo que no, pues felizmente para eso existe la competencia. Si no nos gusta que un lugar permita fumar a sus consumidores, nos podemos ir al del frente. Así, aquellos establecimientos que noten una tendencia en sus consumidores a preferir espacios libres de humo, acondicionarán zonas especiales para fumar o incluso prohibirán del todo que se fume.

¿Cuál debería ser, entonces, la regla aplicable a los establecimientos abiertos al público? Pues muy simple: cada propietario de establecimiento debería poder decidir la regla que aplicará: si dejará fumar o no dejará fumar en él, o si dedicará zonas especiales para fumar. No debemos olvidarnos que la gran mayoría de establecimientos a los que se pretende aplicar la norma son privados (por más que estén abiertos al público), su propietario invirtió en ellos y espera obtener beneficios privados de ellos, por lo que mal puede el Estado expropiarlos y decidir quién fuma o no fuma en ellos.

Del caso en particular de las restricciones de la publicidad de cigarrillos prometo ocuparme en un siguiente post.

6 respuestas a ¿Soluciones “sobre el pucho”?

  1. Añadiría que el exceso de medidas impositivas en un caso como este generan la existencia de un mercado negro apralelo generado por el contrabando, con todos los perjuicios que ello trae.
    Sobre la libertad a fumar y hacer con nuestra vida o expectativa de vida lo que nos dé la gana, tendría una atingenecia: el fumador generalmente es fuente de externalidades que son soportadas no sólo por el resto que no siempre puede evitar ser fumador pasivo, sino por todos los que damos soporte en la soceidad al sistema de salud pública. Por ello, la lucha estatal contra el tabaquismo me parece legítima desde el punto de vista económico, en la medida que como sociedad quizás valoremos más destinar recursos de salud pública a casos de desnutrición o mortalidad infantil en zonas altoandinas, que a tratar casos de enfermedades generadas por el tabaco. Contra esto, a su vez, podríamos decir que eliminar la generación de la externalidad no es la única solución sino que también lo puede ser obligar a internalizarlo a sus generadores, por ejemplo, haciéndoles asumir de alguna manera, el costo que geeneran a través de tributos, por ejemplo. Sin embargo, como decñía al inicio, el incremento excesivo del acceso al tabaco tiene como efecto un llamado al contrabando.
    En cocnlusión, creo en la lucha contra el tabaquismo por un tema de externalidades pero pienso que la forma más efectiva de atacarlo es a largo plazo a través del sistema educativo.
    Sobre los costos generados por el tabaquismo en el Perú salió publicado ayer lo siguiente: “Estado pierde $2.400 mllns al año por tabaquismo” http://www.larepublica.pe/sociedad/19/02/2010/estado-pierde-2400-mllns-al-ano-por-tabaquismo

  2. Mario Zúñiga dice:

    De acuerdo Luca. Pero mi punto con los establecimientos abiertos al público es que dudo que estemos ante una externalidad, dado que uno asiste voluntariamente y consciente de que se fuma en ellos. Igual, la tendencia debería ser, más allá de las regulaciones, a que más y más lugares sean 100% libres de tabaco. Y bien por eso.

    En cuanto a los costos para la salud pública. Definitivamente es un tema a considerar, aunque me inclino a pensar que debería existir una exclusión para cubrir ciertas enfermedades a fumadores (y en general a quien adopte hábitos o conductas riesgosas), así como en los seguros privados. No estoy seguro, pero para pensarlo.

  3. Mario Zúñiga dice:

    Para agregar algo más respecto al argumento de los costos que los fumadores imponen a la salud pública, en un post reciente en el Blog que comparte con Richard Posner, Gary Becker explica como los fumadores en realidad no imponen mayores costos al sistema de salud pública, simplemente porque se mueren antes. ¿Suena duro no? Habrá que revisar la data.

    Pueden leer el post de Becker en: http://uchicagolaw.typepad.com/beckerposner/2010/02/on-consumer-competence-becker.html

  4. […] un post sobre el tema… claro, luego de que cumpla con el prometido segundo post sobre las prohibiciones relativas al consumo y la publicidad de cigarrillos. 0.000000 […]

  5. […] un par de semanas publiqué un post sobre las restricciones impuestas (o más bien sobre el incremento de las restricciones ya […]

  6. […] señalado en un par de posts en De Común Sentido, publicados cuando se discutía el proyecto (ver aquí y […]

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